¿Pueden las iniciativas de la ONU relanzar los objetivos de desarrollo sostenible?
En 2023, las Naciones Unidas lanzaron doce iniciativas emblemáticas para acelerar la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible. Estos proyectos, denominados High Impact Initiatives, marcan un cambio en la forma en que la organización aborda la gobernanza mundial. No se presentan como simples asociaciones, sino como mecanismos de coordinación destinados a fortalecer la influencia de la ONU en un contexto de fragmentación política y crisis interconectadas.
Desde 2015, los objetivos de desarrollo sostenible han promovido un enfoque inclusivo, que implica no solo a los Estados, sino también a la sociedad civil, las empresas y las organizaciones internacionales. Sin embargo, a pesar de la multiplicación de las colaboraciones, los avances siguen siendo insuficientes. Los informes recientes subrayan que las asociaciones existentes tienen dificultades para crear sinergias entre las dimensiones económica, social y ambiental. A menudo funcionan de manera aislada, sin lograr una visión global capaz de transformar los sistemas en profundidad.
Ante estas limitaciones, la ONU ha buscado progresivamente fortalecer su papel de supervisión. Los secretarios generales sucesivos han abogado por una mejor coordinación de las acciones, al tiempo que mantienen el principio de una participación amplia y diversificada. Las cumbres internacionales, como la de 2019, han servido de plataforma para promover esta idea, aunque los Estados miembros siguen reacios a otorgar más poder a la organización. Algunos gobiernos prefieren un enfoque tradicional, centrado en los Estados, en lugar de un modelo en el que la ONU desempeñe un papel más directivo.
Las High Impact Initiatives se enmarcan en esta dinámica. Presentadas como asociaciones, en realidad son herramientas de gobernanza indirecta. Su objetivo declarado es movilizar recursos y actores diversos para apoyar las transiciones necesarias, como la energía limpia, la transformación de los sistemas alimentarios o la protección social. Sin embargo, su selección y aplicación revelan un enfoque a veces desordenado. Algunas iniciativas se centran en objetivos específicos, mientras que otras buscan medios de implementación más generales, como la financiación o los datos. Ninguna se enfoca explícitamente en la lucha contra el cambio climático, a pesar de que este ámbito ofrece las mayores posibilidades de sinergias con los demás objetivos.
Estas iniciativas se basan principalmente en entidades de la ONU, con una participación limitada de actores externos. Funcionan como plataformas de coordinación interna, destinadas a orientar las acciones de las asociaciones existentes en lugar de crear nuevas estructuras. Por ejemplo, la iniciativa sobre los Energy Compacts se apoya en compromisos voluntarios de gobiernos, empresas y ONG, al tiempo que es dirigida por órganos de la ONU. Asimismo, la Local2030 Coalition busca fortalecer las acciones locales, pero su funcionamiento depende en gran medida de las instituciones de la ONU.
La ONU justifica estas iniciativas por la necesidad de demostrar que son posibles avances concretos. No obstante, su capacidad para generar cambios transformadores sigue siendo incierta. Reflejan más bien una voluntad de la organización de reafirmar su autoridad en un mundo en crisis que de resolver los desafíos estructurales de los objetivos de desarrollo sostenible. Los Estados miembros, por su parte, no han apoyado claramente estas iniciativas en su lanzamiento, lo que subraya las tensiones persistentes entre una gobernanza mundial centralizada y un enfoque descentralizado.
Estos mecanismos ilustran una estrategia de gobernanza indirecta, en la que la ONU busca influir sin imponer. Podrían, a largo plazo, servir de modelo para futuras acciones, pero su eficacia dependerá de su capacidad para superar las limitaciones actuales: una falta de coherencia global, una baja integración de los temas transversales y una legitimidad aún frágil. En un contexto de policrisis mundial, donde los desafíos se acumulan, estas iniciativas muestran tanto las ambiciones como las limitaciones de la gobernanza internacional.
¿Pueden las iniciativas de la ONU relanzar los objetivos de desarrollo sostenible?
En 2023, las Naciones Unidas lanzaron doce iniciativas emblemáticas para acelerar la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible. Estos proyectos, denominados High Impact Initiatives, marcan un cambio en la forma en que la organización aborda la gobernanza mundial. No se presentan como simples asociaciones, sino como mecanismos de coordinación destinados a fortalecer la influencia de la ONU en un contexto de fragmentación política y crisis interconectadas.
Desde 2015, los objetivos de desarrollo sostenible han promovido un enfoque inclusivo, que implica no solo a los Estados, sino también a la sociedad civil, las empresas y las organizaciones internacionales. Sin embargo, a pesar de la multiplicación de las colaboraciones, los avances siguen siendo insuficientes. Los informes recientes subrayan que las asociaciones existentes tienen dificultades para crear sinergias entre las dimensiones económica, social y ambiental. A menudo funcionan de manera aislada, sin lograr una visión global capaz de transformar los sistemas en profundidad.
Ante estas limitaciones, la ONU ha buscado progresivamente fortalecer su papel de supervisión. Los secretarios generales sucesivos han abogado por una mejor coordinación de las acciones, al tiempo que mantienen el principio de una participación amplia y diversificada. Las cumbres internacionales, como la de 2019, han servido de plataforma para promover esta idea, aunque los Estados miembros siguen reacios a otorgar más poder a la organización. Algunos gobiernos prefieren un enfoque tradicional, centrado en los Estados, en lugar de un modelo en el que la ONU desempeñe un papel más directivo.
Las High Impact Initiatives se enmarcan en esta dinámica. Presentadas como asociaciones, en realidad son herramientas de gobernanza indirecta. Su objetivo declarado es movilizar recursos y actores diversos para apoyar las transiciones necesarias, como la energía limpia, la transformación de los sistemas alimentarios o la protección social. Sin embargo, su selección y aplicación revelan un enfoque a veces desordenado. Algunas iniciativas se centran en objetivos específicos, mientras que otras buscan medios de implementación más generales, como la financiación o los datos. Ninguna se enfoca explícitamente en la lucha contra el cambio climático, a pesar de que este ámbito ofrece las mayores posibilidades de sinergias con los demás objetivos.
Estas iniciativas se basan principalmente en entidades de la ONU, con una participación limitada de actores externos. Funcionan como plataformas de coordinación interna, destinadas a orientar las acciones de las asociaciones existentes en lugar de crear nuevas estructuras. Por ejemplo, la iniciativa sobre los Energy Compacts se apoya en compromisos voluntarios de gobiernos, empresas y ONG, al tiempo que es dirigida por órganos de la ONU. Asimismo, la Local2030 Coalition busca fortalecer las acciones locales, pero su funcionamiento depende en gran medida de las instituciones de la ONU.
La ONU justifica estas iniciativas por la necesidad de demostrar que son posibles avances concretos. No obstante, su capacidad para generar cambios transformadores sigue siendo incierta. Reflejan más bien una voluntad de la organización de reafirmar su autoridad en un mundo en crisis que de resolver los desafíos estructurales de los objetivos de desarrollo sostenible. Los Estados miembros, por su parte, no han apoyado claramente estas iniciativas en su lanzamiento, lo que subraya las tensiones persistentes entre una gobernanza mundial centralizada y un enfoque descentralizado.
Estos mecanismos ilustran una estrategia de gobernanza indirecta, en la que la ONU busca influir sin imponer. Podrían, a largo plazo, servir de modelo para futuras acciones, pero su eficacia dependerá de su capacidad para superar las limitaciones actuales: una falta de coherencia global, una baja integración de los temas transversales y una legitimidad aún frágil. En un contexto de policrisis mundial, donde los desafíos se acumulan, estas iniciativas muestran tanto las ambiciones como las limitaciones de la gobernanza internacional.
Nos références
Travail de référence
DOI : https://doi.org/10.1007/s10784-026-09719-y
Titre : Orchestrating multistakeholder partnerships for sustainable development: can UN High Impact Initiatives contribute to achieving the Sustainable Development Goals?
Revue : International Environmental Agreements: Politics, Law and Economics
Éditeur : Springer Science and Business Media LLC
Auteurs : Ian Higham; Karin Bäckstrand